RSS

Licántropo

Y otro.

A Adam le dio la impresión de que algo se movía entre los arbustos. Se acercó y vio un abrigo sobre las ramas; era blanco, y olía a perfume. Un perfume que le recordaba a alguien.
Entre los árboles situados detrás de los arbustos, la luz de la luna se colaba entre las ramas, y Adam pudo vislumbrar que algo se movía entre ellas.
Rodeó el pequeño bosquecillo, hasta encontrarse en medio de un claro entre un grupo de frondosos árboles que separaban la zona del estanque de la del camino. Y ahí, entre los árboles, lo vio.
Era un hermoso perro; una raza de esas de las nieves, o incluso un lobo. Su pelaje era blanco, más oscuro por el lomo y la parte superior de la cabeza, y los ojos azules brillaban con la pálida luz lunar. El animal parecía asustado. Adam lo llamó suavizando la voz.
Poco a poco, la bestia se levantó, hasta superar la altura de Adam.

 
Deja un comentario

Publicado por en 25 abril 2017 en Relatos, relatos cortos

 

En Central Park

Otro relato viejo.

El hada corría colgándose por las ramas. Estaba muy feliz; había conseguido encandilar a una presa nueva: un joven rubio que la perseguía sin demora. ¡Y cómo corría! Era difícil despistarle. La cosa estaba interesante.
La persecución había durado toda la noche, y estaba amaneciendo. El hada debía llegar a su escondrijo antes que el rocío empapara los árboles de Central Park. Estaba cansada, y cada vez que se giraba para contemplar a su perseguidor, tenía la vana esperanza de que éste desistiera, que mostrara signos de cansancio. Ya no le importaba que fuera una buena pieza; ese día no, quizá otra noche. Pero el joven parecía igual de ágil que hacía unas 6 horas.
Al final, el hada juguetona consiguió despistarle entre la frondosa arboleda. Aprovechó para tomar aire y espió a su presa. El muchacho se detuvo también, y así sí parecía un poco cansado. “¿Dará tiempo?” faltaban pocos minutos para el amanecer. “Si al menos consiguiera acercarme lo suficiente como para dormirlo… Sí, es un buen premio, lo merece”. El hada consiguió situarse muy cerca del muchacho, casi podía llegar sobre su hombro con un saltito.

Se mostró fatigado; pero tenía todos sus sentidos alerta. Un hada muy… traviesa. Demasiado.
“Un pequeño soplo, y uno más para mi colección”. Pero el soplo no llegó.
– Te tengo, pequeño asesino.
El sol hacía brillar las hojas de los árboles, y aquellos ojos enormes de color azul marino.
– ¡¿Cómo es pos…?! – el hada se hallaba en un gran aprieto; miró fíjamente a su captor, y cayó en la cuenta – ¡Suéltame maldito!
La sangre tiñó algunas ramas. El elfo separó con su cuchillo la pequeña cabecita del cuerpo del hada, que se evaporó en el acto.
– No debiste salir del Viejo Mundo – dijo negando con la cabeza.

 
Deja un comentario

Publicado por en 25 abril 2017 en Relatos, relatos cortos

 

El ladrón

Este relato lo escribí hace como 10 años para adornar un manual de rol que nunca llegó a salir.

Consiguió llegar a la galería en pocos minutos, esquivando las alarmas sin problemas. El pintor cuya obra se exhibía esa semana en el Museu d’Art Pio V era muy joven, pero aún así tenía un gran potencial y sus cuadros gran aprecio entre las altas esferas de la sociedad. Pero no había venido por ellas; ese tipo de pinturas siempre estaba sujeta a modas pasajeras.
Se aseguró los guantes y recorrió silenciosamente los pasillos hasta llegar a la sala. Se situó delante de un cuadro. Examinó el marco y, como pensaba, la seguridad en aquella habitación era mínima por causas de reducción del gasto. “Sí que llegan a ser tacaños con la cultura en esta ciudad, sí…”. Descolgó la pintura, quitó el marco y enrolló el lienzo cuidadosamente, introduciéndolo después en un tubo. “Seguro que al jefe le gustará este regalito”, pensó mientras abría los pestillos de la ventana esquivando los lásers.
Salió del edificio descendiendo por la pared; la distancia que lo separaba del suelo no era mucha. Cuando llegó, cogió una piedra y la arrojó a la ventana por donde había escapado, rompiendo los cristales y haciendo sonar la alarma.
Mientras se ocultaba entre las sombras, pensaba en la cara de sus compañeros más veteranos cuando los medios de comunicación anunciaran la noticia de su nueva gesta. Así mismo, trató de imaginar la reacción de sus compañeros de instituto, tan prepotentes ellos, si llegaran a saber que el ladrón de museos se hallaba entre ellos.

 
Deja un comentario

Publicado por en 25 abril 2017 en Relatos, relatos cortos

 

Reflexión

Si las personas tuviésemos un verdadero código ético personal, no serían necesarias las leyes.

 
Deja un comentario

Publicado por en 31 marzo 2013 en pensamiento crítico, personal

 

Etiquetas: , , ,

Falacia “open-minded” (o mentes abiertas)

Hay una opción en el correo electrónico que nos ayuda a gestionarlo. Con los filtros podemos clasificar de manera automática los emails deseados bajo diferentes categorías y/o carpetas, mientras facilita la detección de los no deseados enviándolos a la carpeta de spam, e incluso suprimiéndolos en el acto.

Aunque los filtros son una herramienta muy útil, me pregunto cuanta gente les saca partido. Y no sólo me refiero a los filtros del correo electrónico. En nuestro día a día, usamos diferentes técnicas de manera más o menos inconsciente para llevar a cabo la toma de decisiones. Establecemos qué es importante de lo que no, qué es útil y qué no lo es, qué objeto es el correcto para hacer esto o aquello… Filtramos la información que nos llega de manera que nos pueda servir para generar conocimiento que nos ayude de alguna manera a realizar nuestras tareas. Y esto se hace porque la capacidad de acumular información de nuestro cerebro es limitada.

Desde que me metí en esto del escepticismo, he leído y oído bastante sobre la dicotomía mente abierta/mente cerrada. Dentro del contexto magufo, pero también en el eco-iLógico, se acusa a científicos y escépticos de tener una mente cerrada por no “creer”.

¿Y qué tiene que ver como tenga de agrietada la cabeza con los filtros? Seguid leyendo, si tenéis curiosidad.

Mente abierta vs. mente cerrada

Según el significado popular, una persona de mente cerrada es aquella que rechaza cualquier tipo de conocimiento nuevo. Por el contrario, una persona de mente abierta es alguien dispuesto a recibir nueva información sobre algo, a aprender y, llegado el caso, desechar una serie de conocimientos incorrectos.

Se supone que quienes están a favor de las terapias alternativas, los “saberes” místicos, y vivir con lo que mamá naturaleza nos da tienen una mente abierta. Los que tienen una mente cerrada, entonces, son aquellas personas que rechazan este tipo de… cosas, “por que no las comprenden ni quieren comprender”. Es decir, los científicos (porque hay cosas que la Ciencia no puede explicar) y los escépticos (que dudan de todo).

Pero lo gracioso del asunto es que justamente tanto científicos como escépticos estamos encantados si alguien viene a contradecirnos en nuestras convicciones. Lo único que le pedimos es que nos traiga pruebas fehacientes. Más de uno se sorprendería ver la facilidad con que la comunidad científica está dispuesta a reformular, e incluso desechar, hipótesis y hasta leyes, como a punto estuvo de suceder con los neutrinos que superaban la velocidad de la luz.

Ahora, dile a una persona eco-iLógica con todos los informes y estudios posibles sobre que los vegetales “naturales” tienen el mismo valor nutricional que los convencionales, que está pagando el triple o el cuádruple por unas patatas de la misma calidad (o incluso peor) que las del súper, y veremos qué pasa.

La Ciencia prospera gracias a las personas curiosas, que se interesan y quieren entender lo que sucede a su alrededor. Tienen montones de preguntas a las cuales buscan una respuesta. Las más de las veces hallarla no es para nada fácil, y continuamente tienen que cambiar sus posturas rechazando hipótesis al adquirir nuevos conocimientos sobre aquello que investigan.

No se conforman con afirmaciones rápidas y sencillas, pues saben que tales afirmaciones son falsas, generalmente se contradicen entre ellas, y no les van a servir de nada. Luchan por encontrar explicación a los acontecimientos más nimios y, lo más importante, el conocimiento que obtienen lo acumulan y comunican al resto de individuos.

Filtros cerebrales

¿Recordáis lo que os comentaba al principio de que nuestro cerebro filtra la información que le llega? Como dije, esto se suele realizar de manera inconsciente para realizar por ejemplo tareas mecánicas (lavarse los dientes, rellenar un vaso con agua… me seguís); pero algunas veces tenemos que detenernos a pensar. Sobretodo nosotros, homo sapiens, buscamos encontrar la respuesta a ciertas dudas existenciales (bueno, existenciales más o menos). Para ello tenemos tres mecanismos.

Podemos tratar de olvidar las dudas poniéndonos a hacer otra cosa, cerrar nuestros sentidos para que no nos entretengan en cosas “sin importancia”.

O también podemos indagar un poco, preguntando aquí y allá, con dar alguna respuesta… y nos tragamos la primera mierda que nos digan. Total, de alguna manera tendrán que suceder las cosas, y es más fácil de imaginar y suena más poético decir que Zeus lanza rayos a la Tierra porque está enojado, que decir que son causados por una perturbación atmosférica.

O, una vez hemos dado con unas cuantas respuestas, no detenernos ahí: analizar cómo se ha llegado a esas hipótesis, si han habido datos nuevos, cuantas personas han llegado a las mismas conclusiones… Y aprender a descartar aquellas respuestas que no se sostienen por la falta de datos, porque se contradicen con otras más plausibles e incluso a sí mismas, y/o porque no hay manera de saber si son afirmaciones verdaderas.

Para ello es aconsejable hacer funcionar nuestros propios filtros. ¿Y cómo se puede hacer? Se puede empezar por detectar cuales son los conceptos que nos interesan (a nivel personal, profesional, académico, etc.), determinar cual sería su importancia en cuanto a utilidad, y no olvidar actualizarlos.

Al hablar de productos para el consumo, por poner un ejemplo, “tóxico” puede ser un concepto más útil que “orgánico”. Básicamente porque “orgánico” es todo aquello que procede de seres vivos, que suele ser el 100% de lo que comemos, mientras que “tóxico” es una propiedad indicativa de que el producto es nocivo para la salud. Cuando se recetan preparados de Rhus toxicodendron, lo que menos debería preocupar es cuan natural y “orgánicas” son las hojitas, si no la elevada toxicidad de la planta. Y, a raíz de ello, especular sobre la profesionalidad de quien está aconsejando tomarlas.

Tener una mente abierta no es pernicioso, pero si no prestamos atención, se nos puede caer el cerebro. Por ello, mejor sujetarlo con unos buenos filtros 😉

 
1 comentario

Publicado por en 23 febrero 2013 en pensamiento crítico, trucos

 

Etiquetas: , , ,

¿Ateísmo y Navidad? ¡Por supuesto!

¡Llegó la Navidad! Esa época mágica para el consumismo capitalista donde todo el mundo compra, invita, paga… Es cuando más nos juntamos con la gente, desde la familia hasta los compañeros de trabajo. Para los creyentes se celebra el cumpleaños de Jesucristo, para los paganos, el Solsticio de Invierno (aunque esto se debería haber celebrado entre el 21 y el 22, no me seáis tan hipócritas), Yule, las Saturnalia, o la victoria de Mitra o Sol Invicto.

Pero ¿un ateo? ¿Qué puede celebrar un ateo?

Para empezar, el nacimiento de figuras singulares, como Isaac Newton.

También aprovechamos la comilona que nos paga la empresa. Vale, no todo el mundo nos cae bien; de hecho, estaríamos mejor en casa. Pero oye, ya que el jefe y los de recursos humanos se lo curran y te ahorran la cena de ese día, ¿por qué no aprovecharlo? Y dentro de esta categoría de celebración entrarían la paga extra de Navidad, la “caja”, y la copichuela última antes de vacaciones.

Ah, bueno, es verdad. Tiempo de crisis. De pagas extra y cenas no han habido mucho, ni siquiera para aquellos que conservan su empleo.

¿Entonces?

La cuestión no son las creencias, si no la vida de cada uno, sus circunstancias.

ateo, ateísmo, navidad, adorno, árbol

En la antigüedad más remota, el solsticio de invierno significaba en muchas culturas la vuelta al hogar para afrontar el duro invierno. La última cosecha requería de la ayuda de toda la familia y de los vecinos y, tras el trabajo, tocaban las celebraciones. Este sentimiento queda vivo en la sociedad hasta nuestros días, quedando patente en tradiciones que se pierden en el tiempo como el tió de Nadal.

Cuando te das cuenta del transcurrir de los años y que cada vez ves menos a aquellas personas que estaban cerca de ti sobretodo durante la infancia, se ven con otra perspectiva estas fechas. Días de reunión que a muchos se les antojan anodinas y pesadas, para otros estas fiestas son la oportunidad de ver a seres queridos que hace tiempo no vemos, contarnos cómo va la vida, nuevas anécdotas y revivir viejos recuerdos.

¿Y qué hay del consumismo capitalista? Siempre hay personas que desprecian el más mínimo detalle, bien por que consideran estas fechas un despilfarro o por hacer simplemente la puñeta. Hay gente pa tó, al fin y al cabo.

Sin embargo, más allá de las creencias, de la tradición, del consumismo capitalista, del gastar por gastar, e incluso más allá del “te regalo esto para que me regales aquello”, muchos apreciamos el detalles en sí. Porque un regalo no tiene porqué ser un trasto más. No es necesario un regalo caro, ni siquiera muchos regalos, pues la sorpresa y la alegría que alguien se haya molestado por saber qué te gusta, qué necesitas, no tiene precio.

En fin, llamémoslo fiestas de invierno, Navidad, Yüle, pero independientemente de lo que creamos, hay algo en estas fechas que merecen una atención especial, incluso para gente que no cree en energías místicas ni en seres sobrenaturales.

Sólo aquellas personas que no se dan cuenta de esto, consideran la Navidad como la época mayor del despilfarro. Pobres ellos. En mi caso, es el momento de reencontrarme con la familia, de tomarme un pequeño respiro y, como no, disfrutar de los regalos, ya sean sorpresa como autocomprados, pues todos nos merecemos querernos un poco 😉

Os dejo con mi villancico favorito, del genial Tim Minchin, que explica mejor que nadie por qué algunos ateos celebramos la Navidad.

¡Felices fiestas! 🙂

 
Deja un comentario

Publicado por en 25 diciembre 2012 en ateísmo, personal

 

Etiquetas: , ,

Piensa en tu tiempo

Las últimas semanas he estado bastante atareada. Esto no es nada raro, viendo las fechas que son. Además, el ser humano no ha evolucionado para hacer más de tres cosas a la vez. Vale, masticar chicle y caminar al mismo tiempo puede hacerse. Pero no me refiero a eso.

A pesar de estar ocupada, siempre me permito algún respiro, y justo lo aproveché para mirar el Reader. Encontré algunos consejos para tomar la vida con más tranquilidad; no renunciando al trabajo, pero sí organizarlo mejor. Algunos eran nuevos para mi, pero otros ya los conocía.

Me gustaría compartirlos, sobretodo en esta época donde todo el mundo va contrarreloj. Pero de una manera muy mía, añadiendo cosas que puede muy pocos hayan tenido en cuenta.

Esta entrada puede que no tenga demasiado que ver con lo tratado anteriormente. Sin embargo, lo primero que recomiendo es pensar 😉

Pensar antes de actuar

Párate un momento antes de nada y evalúa qué tienes que hacer. ¿Qué te han pedido? ¿Cómo lo puedes hacer? ¿Qué te va a reportar?

Mira la chorrada que es quedarse pensando qué ganaría yo fregando los platos. Bueno, para empezar, me he quedado sin enseres de cocina para hacerme la cena. Oh sí, tengo un trabajo que revisar pero, ¿ sabéis lo molesto de estar pensando con el estómago vacío?

Con pensar antes de realizar la tarea me estoy refiriendo a analizar el TUU (ehm… sí, me he inventado el acrónimo; ¿pero a que suena bien?):

  • Tiempo: cuanto tiempo conlleva realizar la tarea y, ya de paso, cuanto de qué otros recursos (dinero, por ejemplo) se va a necesitar.
  • Utilidad: el meollo de la cuestión, el “para qué” ¿Cual es el propósito de la tarea? ¿Qué voy a ganar con ello? ¿Me va a solucionar un problema o voy a salir beneficiado de alguna manera? O, por el contrario, ¿qué voy a perder, a parte de tiempo?
  • Urgencia: relacionada con la anterior, responde a la pregunta: ¿es importante? Mejor dicho, ¿es importante a corto plazo, ahora? Esto es algo que muchas madres y muchos jefes llevan fatal.

Pararse a analizar críticamente todo eso nos va a resultar más útil de lo que muchos piensan.

Priorizar

tiempo, manos, reloj

No me convence a mi este reloj…

¿Qué es peor, que te maten o que te expulsen de Hogwarts? Según Hermione Granger, lo segundo.

Aplicado a un ejemplo de la vida real, ¿qué es mejor: pasarte la noche estudiando para una asignatura cuya nota máxima a la que puedes aspirar es un 6, o terminar un proyecto optativo para esta otra en la que llevas una media de notable y puedes llegar al excelente?

Madres y padres dirán sin problemas la primera opción, siempre y cuando no se puedan hacer ambas en una misma noche. Pero cuando una persona lleva un tiempo en el mundillo académico aprende que un 5 o incluso un 6 no tienen por qué ser mejor que un “no presentado”, y que un 9 es bastante mejor que un 8 (es la gran diferencia entre notable y excelente). A menos que te estés jugando una beca, la segunda opción resulta más atractiva. ¿Que tendrías que estar un año más por una asignatura? Bueno, pero tu expediente será mejor que el del becado y es posible que tengas acceso a otras becas y/o trabajos más interesantes.

No todo es blanco o negro. Ni lo más fácil es trivial, ni lo que parece importante lo es en realidad. El dicho “no dejes para hoy lo que puedas hacer mañana” no siempre tiene connotaciones negativas. A veces vale la pena tumbarse en el sofá a echarse una siesta antes de meterse de lleno en ese informe super-ultra-importante, sobretodo si no has dormido bien por la noche y te duele la cabeza.

¿El truco? Pensar qué conviene más a uno mismo. Por que a veces hay que ser un poco egoísta y cabroncete para poder ayudar a los demás

En el ejemplo del examen, tus padres estarán orgullosos de que lo hayas aprobado todo. Pero tú habrás ido de culo aquella noche, te habrás quedado con un aprobado raspado en la asignatura difícil y un triste notable en la otra. Probablemente te hubiese salido más rentable repetir la asignatura difícil al año siguiente, de manera que hubieses podido sacar más nota y tener un mejor expediente. Además, ¿quien está estudiando, tú o tus padres? La universidad no es el instituto; si no puedes con una asignatura, la puedes dejar para el año siguiente sin que ello medre el resto del curso.

(En cuanto a las preferencias de Hermione, también creo que debe replantearse sus prioridades)

Saber decir “no”

Es duro, y más cuando quien nos pide el “favor” tiene el poder de derretir con una sonrisa, o nos puede cortar el grifo (más conocidos como los padres). Pero a veces hay que plantar cara y decir “no, no puedo hacer esto ahora”.

Porque hay favores que no son tales. Por un lado, muchas veces simplemente estamos haciendo el trabajo de otra persona de manera que ésta se aprovecha de que somos unos buenazos y recurrirá siempre a nosotros para que le “echemos un cable”. Por otro, porque impedimos que aprenda, que dependa de nosotros, y es probable que luego no sepa cómo sacarse las castañas del fuego.

Y, por último, evitamos el tener que hacer trabajo extra sacrificando nuestro propio tiempo. No es hacer caso omiso al “hoy por ti, mañana por mi”, si no más bien no cargarse de un trabajo que es probable nunca nos sea recompensando. Por que muchas veces el “hoy por ti” da paso a un “ni mañana ni pasado por mi”.

Cierra la paraeta si estás enfermo

En los últimos años ha descendido el número de bajas laborales por miedo a perder el trabajo. Seamos sinceros, algunos se pasan. Sin embargo, cada persona es un mundo y hay individuos que sufren dolencias con frecuencia que les impiden llevar a cabo sus tareas.

Si se está enfermo o se tiene alguna molestia que provoque malestar, lo mejor que se puede hacer es, primero, ir al médico. Segundo, hacerle caso. Tercero, descansar de verdad (no, no sirve que no vayas al trabajo pero te quedes limpiando la casa).

Un simple resfriado puede convertirse en una pesadilla. El trabajador que lo padezca tendrá dificultades en realizar bien sus tareas a causa de los incómodos síntomas (mucosidad, tos, dolor de cabeza, etc.) y el agotamiento típicos de esta enfermedad. Pero el problema es que, en poco tiempo, lo sufrirán el resto de trabajadores, sobretodo si comparten un espacio mal ventilado, e incluso puede llegar a contagiar a los clientes. El resultado, como 15 días de bajo rendimiento laboral, que se traducen en un descenso de la productividad. Y eso que tiene una solución muy simple: concederle un permiso de 3 a 5 días a aquellos individuos que presenten los síntomas. Y ventilar el espacio.

Planificar el tiempo

No sólo se trata de marcar en una agenda y/o calendario las diferentes tareas. Muchas veces el hito se queda ahí, apuntado en el día X, marcado con fosforescente y subrayado en rojo. Eso poco va a ayudar; lo único que vamos a conseguir es asustarnos al ver la página como si alguien la hubiese usado para contener una hemorragia. Bueno, un poco exagerado. Lo que no es una exageración es que, el hecho de ver las tareas pendientes, puede provocar ansiedad.

Es muy útil desglosar la tarea en subtareas o trabajos. Llevar una lista de las mismas es beneficioso por varias razones: se visualiza mejor el trabajo a realizar, ayuda a priorizar y, sobretodo, la satisfacción que da el ir tachando cada trabajo realizado no la quita nadie.

gato, agenda, planificación, tiempo

Tiempo de descanso

Hay diferentes técnicas que se pueden usar para llevar a cabo las tareas. Una de ellas es dedicar un tiempo al día para realizar dicha tarea; pero sólo un tiempo, sean minutos o un par de horas, no toda una jornada. Un truco es programar el reloj durante un lapso de tiempo determinado; cuando éste se agota, se hace un descanso y se pasa a la siguiente tarea. Esta es la técnica del Pomodoro, aunque también hay algunas aplicaciones para móvil con la misma función, como 30/30.

Pero planificar las tareas no sólo es cuestión de hacerlo entre semana. Durante el tiempo libre también es conveniente dedicar un espacio a realizar aquellos trabajos que siempre se han dejado apartados. Con esto se consigue tener de verdad tiempo libre para nosotros. Un tiempo para cada tarea, y un rato para el descanso.

Enseñar

¿Cansado de instalarle de nuevo el sistema operativo a su primo? O bien le cobras por los servicios, o le enseñas a que se lo instale él mismo. Como ya comenté unos párrafos más atrás, no siempre el favor es tal. En esta sociedad tan amante de la vagancia, el hecho de que hayan personas dispuestas a ayudar es un tesoro pero, por desgracia, mal considerado.

¿De verdad quieres ayudar? Entonces tómate un tiempo para enseñar a la otra persona cómo puede solucionar su problema. Como reza el proverbio “regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida”. Más claro, agua destilada.

¿Que no lo pilla o no tiene tiempo de explicaciones? Bueno, ¿y si redactas un manual? Algo tan simple como escribir en un papel las instrucciones para conectar el reproductor DVD o encender la lavadora es aún ayuda igualmente.

Aunque, si es posible, enseña. Por un lado, estarás ayudando de verdad a la otra persona, que se sentirá útil cuando al fin consiga hacer la tarea por sí misma. Por otro, estás dedicando tiempo a conoceros mejor. Y, por otro, tú también estarás aprendiendo.

Tómate un respiro, sociedad

¿Alguien conoce el dicho “quien mucho abarca poco aprieta”? Toda esa gente que se hace de admirar porque tiene 20 proyectos a la vez. Luego, cuando las conoces un poco más, te das cuenta que algo falla: se dejan cosas pendientes, no prestan atención a lo que hacen, incumplen promesas (“Pobre, va tan atareado… En fin, ya celebraremos nuestro aniversario dentro de cinco meses…”), su salud se resiente… La lista es larga.

En esta sociedad se entiende que, cuanta más carga de trabajo tienes, es porque eres más inteligente, más capacitado, más organizado y más buena persona. ¿Pero hasta qué punto sirve que te consideren así cuando te quedas solo? Solo porque no tienes tiempo para tus seres queridos, tampoco para hacer nuevas amistades, por mucha gente que conozcas (sobre la diferencia entre amigo y conocido, ya hablaré otro día) y, obviamente tampoco tienes tiempo para dedicarte a ti mismo. Lo peor es cuando se llega a extremos de comportarse en la vida privada como si fuese un trabajo más, y tratar a la pareja o a los amigos como trabajadores subordinados.

Porque muchas veces no nos damos cuenta de aquello que de verdad tiene importancia hasta que es demasiado tarde. Por ello, es bueno parar de vez en cuando, y pensar qué estamos haciendo.

Y, mientras tanto, darnos un respiro y seguir el consejo del gran Gandalf:

“Sólo tú puedes decidir qué hacer con el tiempo que se te ha dado” (Gandalf)

El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo (JRR Tolkien)
 
Deja un comentario

Publicado por en 15 diciembre 2012 en organización, salud, trucos

 

Etiquetas: , , , , ,

“Es que soy de letras”

¿Cuantas veces habré oído esa afirmación? Usada tanto como disculpa para alguien que se ha equivocado haciendo cálculos, como a la hora de escaquearse una persona cuando se le está explicando algún concepto científico. “Yo es que soy de letras”. Y dejamos de insistir. Cada uno tiene su formación y, si a uno no le enseñaron de pequeño la teoría de la relatividad, pues mira, no tiene la culpa.

¿Pero a que todos sabemos contar? Si no fuese el caso, las carreras de economista y matemáticas serían un chollo. Todo el mundo contratando a alguien que haga cálculos por ellos.

Más lejos de la realidad, lamentablemente para los matemáticos.

Dime y olvidaré, muéstrame y podría recordar, involúcrame y entenderé

Es curioso cómo la sociedad ha ido desplazando los saberes científicos a un segundo plano. A una persona “de ciencias” se le recrimina si sus conocimientos sobre historia, literatura, arte y demás humanidades son escasos o nulos. ¿Por qué no hay el mismo sentimiento hacia personas “de letras” que no saben qué es la tabla periódica, que la evolución es real o que las mareas son causadas por la Luna?

Quizá es porque “ser de letras” es más común ya que, supuestamente, hay que hacer menos esfuerzo intelectual. O eso es lo que parece.

La enseñanza de humanidades se caracteriza por la pura y dura memorización de los datos, siguiendo un hilo mínimo de coherencia lógica (si sucede B, es porque sucede A; y punto). Cualquier individuo sin demasiados problemas de memoria puede almacenar mucha información que, con mínimo esfuerzo de comprensión, puede transformar en conocimiento útil.

Sin embargo, para adquirir conocimientos científicos, es necesario realizar un esfuerzo de comprensión mayor. Además, para ayudar a dicha comprensión, se necesita de comprobación empírica o ejemplos; experimentos, vamos. El problema es que pocos profesores se esfuerzan por realizar hasta los más sencillos y, sobretodo, escasos son los centros escolares con recursos suficientes para que se puedan llevar a cabo.

Con este panorama, se resuelve enseñar ciencias a base de la obligatoria memorización de conceptos, sin reparar en que esta es la peor manera para que los alumnos aprendan. Sólo aquellos con suficiente capacidad de comprensión, imaginación y, sobretodo, curiosidad pueden entender por ellos mismos los diferentes conceptos explicados y verse atraídos por las ciencias de tal manera que decidan continuar estos estudios. Pero para la mayor parte de los escolares, es terriblemente anodino soportar lecciones científicas mediante la memorización de datos y la aplicación de las diferentes fórmulas en problemas que les cuesta visualizar sin ningún tipo de ejemplo palpable. Estos estudiantes salen del instituto con una visión más deprimente que atractiva de aquello que la Ciencia les puede ofrecer; acaban renunciando a recibir cualquier tipo de conocimiento científico de por vida y, a la hora de realizar estudios universitarios, optan por las carreras más fáciles, supuestamente, ciencias sociales, arte y humanidades (para descubrir, demasiado tarde, que en menudo berenjenal se han metido).

¿Se le dan mal los números? Puede que padezca discalculia

matemáticas, peligro, señal

¡Ui, que susto!

La mayor parte de las personas conoce la dislexia, el trastorno identificado con la dificultad en la lectura y que imposibilita la correcta comprensión de aquello que se lee. Viene causada cuando el cerebro no reconoce ni procesa adecuadamente ciertos símbolos, y perjudica el aprendizaje y el rendimiento de la persona que lo padece, sin que existan otros problemas de tipo sensorial, físico, motor o deficiencia educativa.

Pero muy poca gente sabe qué es la discalculia. Se trata de otro trastorno del aprendizaje que afecta a la capacidad para el procesamiento numérico y el cálculo. Quienes padecen este trastorno tienen problemas como:

  • confusión de signos, reversión o transposición de números,
  • dificultad para memorizar tablas y fórmulas,
  • dificultades relacionadas con la orientación espacial,
  • dificultad para comprender y recordar conceptos, reglas, fórmulas y secuencias matemáticas,
  • dificultad con el cálculo mental, junto con la necesidad de ayudarse de los dedos para contar.

Todo esto afecta a la larga al rendimiento académico en cuanto a adquirir nuevos conocimientos científicos, al estar vinculadas materias como física y química al cálculo matemático.

Aunque la discalculia tiene un tratamiento, si cabe, sencillo, lamentablemente es poco conocida. Normalmente, cuando un alumno tiene problemas con las matemáticas, se culpa a que es una asignatura compleja, que el docente es un mal profesor, e incluso que el estudiante es un negado. No se reconoce que pueda sufrir discalculia y, en vez de buscar a un especialista, los tutores o bien le apuntan a clases intensas de repaso que sólo sirven para desanimar al estudiante, o terminan por aceptar que al chico o a la chica simplemente se le dan mal las matemáticas y que, por tanto, mejor se dedique a “algo de letras”.

Craso error.

Que una persona tenga un trastorno de discalculia, no significa que esté incapacitada para las ciencias en general. Le va a costar más esfuerzo comprender los conceptos y visualizar los ejemplos, pero no por ello va a tener que renunciar a saciar su curiosidad.

Yo también soy de letras, ¿y qué?

Soy discalcúlica desde los 8 o 9 años. Aunque quise hacer biología, no tuve suficiente nota en la selectividad, y opté por una carrera de ciencias sociales como es biblioteconomía. Pero accedí a ella a través de la modalidad de bachillerato en ciencias de la salud, y no me arrepiento para nada de ello. A pesar de las horas de repaso en matemáticas y química, me sorprendí a mi misma resolviendo con soltura problemas de física. Y, cuando años después sin tocar ninguna fórmula química me topé con una optativa sobre terminología científica, me di cuenta de cuanto las había echado en falta.

No es necesario ser un crack en matemáticas para que te gusten las ciencias. Sólo se necesitan curiosidad y ganas de aprender.

Hace más quien quiere que quien puede. Por ello, cada vez que una persona dice “Yo es que soy de letras” me está dando a entender varias cosas. Por un lado, que tiene escaso o nulo interés por lo que pasa a su alrededor, motivo por el cual a cualquiera se le van las ganas de explicarle nada. Por otro, que dicha persona se reconoce como estúpida, aunque muy probablemente no lo sea. Pero, sobretodo, que es un homenaje a la vagancia.

Que una persona haya dedicado su formación a las ciencias sociales (que son ciencias, al fin y al cabo, y con la excusa de “soy de letras” lo único que transmite es incompetencia), a las artes (que, por cierto, tienen mucho que ver con la Ciencia y las matemáticas), o a las humanidades no conlleva que su nivel científico se quede en dos más dos igual a cuatro.

Con lo divertida que es la Ciencia… Da para situaciones como esta:

– ¿Segundo apellido?
– Espí
– ¿Acabado en I?
– Sí
– ¡Ah! Es que el mio es Espín, acabado en N.
– Ah, vale. Y, ¿se siente usted una partícula?*
– ¿Cómo?

* El espín es una propiedad física de las partículas subatómicas; indica el momento angular o cinético asociado a dicha partícula.
 
Deja un comentario

Publicado por en 1 diciembre 2012 en Ciencia, pensamiento crítico

 

Etiquetas: , , , , ,

Desmintiendo hoaxes: A Facebook le gusta tu bulo

Justo cuando estaba pensando en abrir una fan page de Facebook me encuentro con anuncios como este:

Facebook ha modificado la visibilidad de las FAN PAGES que no pasan por caja. Si queréis seguir recibiendo en vuestros muros con normalidad todos mis posts, seguid estos pasos (…)

Pero a una, que es algo escéptica y que además le gusta complicarse un poco la vida, esto le olía a hoax e indagó en un par de horitas sobre ello. Así que, aprovechando la mini-investigación, inauguro la sección.

Qué es un hoax

1000 likes, gato, niños, facebook, petición, urbano

Bueno, algunas peticiones son de verdad

Un hoax es hacer pasar por real una noticia falsa. Lo que en español se traduce como bulo. Su propósito es simple y llanamente el de llegar a cuanta más gente mejor, y el caso de los hoaxes informáticos no es diferente.

Los ejemplos más típicos son los avisos sobre nuevos virus, leyendas urbanas, métodos para hacerse rico y, los más devastadores, las cadenas. Devastadores en el sentido emocional: por muchas veces que reenviemos ese mail de tipografía tan espantosa, no vamos a ligar más (de hecho más bien lo contrario si somos demasiado insistentes), ni a ese niño le van a dar la misma cantidad monetaria que tenga de Likes.

Aquí se pueden encontrar una gran variedad de hoaxes.

Facebook y los rumores de pago

Hace tiempo que los usuarios de Facebook sufrimos mensajes tipo “¿Sabías que Facebook pasará a ser de pago…?” o “Facebook vende nuestra información a la CIA”, normalmente acompañado de un “comparte/dale a “Me gusta” para impedir que Facebook” etcétera. O aquellas fotos de niños en condiciones deplorables que se comparten una y otra vez. Como ya he dicho, por más Likes que se consigan, la organización X no va a donar dinero para la operación que salvará la vida del niño, básicamente por que la organización y/o el niño son inexistentes. Y esto son sólo unos ejemplos.

Resulta que desde el pasado octubre circula un nuevo bulo: Facebook impondrá tarifas a los propietarios de páginas en la red social, o fan pages. Y nada más… cerca de la realidad, pero sin serlo.

Facebook hace tiempo que tiene un servicio de pago, como Google y Yahoo! Pero es opcional. Si, como propietario, quieres que la página llegue a una mayor audiencia de la que ya tiene, Facebook te ofrece una tarifa por una promoción extra. Pero el servicio base es gratuito; es decir, tú puedes tener una página con una audiencia más o menos grande, pero no por ello tienes que pagar.

¿Y cómo se ha extendido este bulo? Hace poco Facebook actualizó los parámetros de su algoritmo EdgeRank, lo que provocó la caída del alcance de las páginas en cuanto a audiencia se refiere. Esto es perjudicial sobretodo para aquellas entidades a quienes les interesa tener una audiencia elevada y que, ahora, sólo pueden remediarlo contratando una de las tarifas de promoción que Facebook les ofrece. Pero para las páginas que no busca llegar a un público demasiado grande, esto no tiene por qué afectarles demasiado.

No obstante, y curándose en salud, Facebook implementó desde hace ya un tiempo las funcionalidades de “Recibir notificaciones” y “Añadir a la lista de intereses” que, además de paliar en cierto grado esta disminución de la audiencia, permiten al fan gestionar las actualizaciones que quiere recibir.

Así que, queridos propietarios de fan pages de Facebook, a menos que queráis llegar a miles de millones de usuarios, creo que podéis estar tranquilos pues Zuckerberg no os va a cobrar por número de Likes en ella. Lo que sí tenéis que hacer es recomendar a vuestros fans que seleccionen la opción de “Recibir notificaciones” o, mejor, “Añadir a la lista de intereses”, como se explica aquí.

 
Deja un comentario

Publicado por en 22 noviembre 2012 en bulo, redes sociales

 

Etiquetas: , , , , ,

Paréntesis: sobre Ciencia y falsas ciencias

Mientras añadía enlaces para el este pequeño blog, me percaté de que muchos sitios versaban sobre pseudociencias. Y me quedé pensando que no había escrito sobre dicho concepto; ni siquiera del de ciencia.

Empecé muy fuerte hablando sobre genética y transgénicos. Ahora toca hacer un parón para hablar de algo más básico. ¿Una chorrada? Tal vez. Todo el mundo sabe qué es la ciencia, que sirve para hacerlas pasar mal en la escuela memorizando fórmulas incomprensibles, y que es eso que los intelectuales usan para dominar el mundo. Y que las pseudociencias consisten en alguna rama más amable de las primeras.

Bueno, sigan leyendo si les interesa el tema, que les voy a intentar explicar a grandes rasgos cómo diferenciar unas de otras.

Qué es la Ciencia

Cuando hablamos de Ciencia, nos referimos al conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación que han sido sistemáticamente estructurados de manera razonada para poder deducir principios y leyes generales. En un sentido amplio, la Ciencia es:

  • Empírica: se basa en la experimentación y en la observación para recabar nueva información.
  • Metódica: cada estudio, cada análisis, cada experimento está planteado de forma detallada y organizada.
  • Sistemática: recopila la información utilizando métodos y técnicas que permiten organizarla para que los resultados sean entendidos.
  • Especializada: abarca muchos campos del saber diferentes que, sin embargo, pueden estar relacionados entre sí.
  • Explicativa: basándose en los resultados, la ciencia trata de explicar los nuevos conocimientos a través de hipótesis que describen los hechos y cómo ocurren, y se ocupa también de divulgarlos para el máximo provecho de la humanidad.
  • Predictiva: basándose en las hipótesis generadas tras el análisis de los resultados, la Ciencia trata de hacer predicciones sobre cómo pudo haber sido y cómo podrá ser un hecho, un suceso o una circunstancia en un futuro.
  • Objetiva: la ciencia busca la verdad para poder dar respuesta a los interrogantes propuestos de forma universal, sin ataduras de ningún tipo salvo la propia capacidad imaginativa de los científicos y de los recursos a su alcance.

Ciencia es todo aquel conocimiento probado que ayuda a comprender mejor nuestro entorno y que nos permite, llegado el caso, a solucionar problemas. Y quedémonos con ese “probado”, el kit de la cuestión.

El método científico

La ciencia se basa en la observación y la experimentación. Cualquier hecho observado es analizado para poder ser entendido. Una vez entendido cómo se produce, los científicos tratan de reproducir el entorno observado en el que tiene lugar ese hecho para ver si de verdad, cuando se sucedan las condiciones observadas, se produce.

El segundo paso es experimentar, modificar el entorno para saber si el hecho tiene lugar en condiciones distintas. Y a partir de aquí se intenta encontrar una relación más específica de porqué se produce ese hecho, generando una hipótesis.

Por último se trata de corroborar dicha hipótesis, repitiendo si es necesario los experimentos, o añadiendo algún cambio. Si la hipótesis se mantiene, se acaba de realizar un descubrimiento, que es comunicado al resto de la comunidad científica.

Y así es, a grandes rasgos, cómo funciona el método científico. Largo y tedioso, un único experimento puede durar años, pero es el sistema por el cual la especie humana hemos podido sobrevivir y avanzar. Es lo que diferencia la Ciencia de las pseudociencias.

Qué es una pseudociencia

Etimológicamente, es una ciencia falsa. Ampliando un poco más la definición, una pseudociencia es una afirmación, creencia o práctica que, a pesar de presentarse como científica, no se basa en un método científico válido, carece de rigor y evidencias plausibles, y tampoco puede ser verificada de forma fiable. En otras palabras, es un fraude.

Los pseudocientíficos, también llamados magufos, son los defensores de este tipo de prácticas, bien por que se las creen y/o porque se aprovechan de la credulidad de la gente para obtener beneficios económicos y sociales (por desgracia la mayor parte de casos). Se caracterizan por el uso de afirmaciones exageradas, vagas, o de imposible comprobación.

A diferencia de los científicos, se apoyan en investigaciones de corta duración (no suelen durar más de un par de años) que basan sus resultados en testimonios pasados de difícil verificación (una mujer que de repente “recuerda” ser abducida de pequeña, como que muy creíble no es, no fastidien). Y las conclusiones de sus investigaciones nunca llegarán a tener renombre internacional ni llegarán a ser publicados. De hecho, les sale más rentable escribir libros con suficiente gancho literario que no necesitará pasar ningún control de calidad.

¿Metiéndome con las pseudociencias?

pseudociencias, escepticismo, lluvia

Chaparrón de pseudociencias

Con esta parrafada espero que tengan ahora una idea de qué es una cosa y la otra: la ciencia se basa en la observación, la comprobación, y la comparación; la pseudociencia sólo en una supuesta observación.

La Ciencia nació para el beneficio tanto del ser humano como de la naturaleza, a la cual intenta conocer. Y, aunque no lo sabe todo, suele acertar bastante. Las pseudociencias, en cambio, no sólo tratan de imponerse a la Ciencia en muchas ocasiones, si no que sólo lo hace en beneficio de muy pocos.

Y ahora la pregunta: ¿porqué me meto con las pseudociencias? Sinceramente y con total subjetividad, por que las considero peligrosas. Son peligrosas porque sus prácticas se basan en engaños llevados a cabo por gente que sólo busca el beneficio propio, las más de las veces poniendo en peligro los bolsillos de quienes les creen y, en no pocas ocasiones, también su salud. Bajo la falsa premisa que pueden explicar lo que la Ciencia aún no ha descubierto (como ya se ha mencionado, sin comprobación alguna que valga), se hacen hueco en la sociedad.

Y no me enrollo mucho más, pero les dejo un pequeño recopilatorio de “bondades” pseudocientíficas:

Piensen en ello, que es gratis, les va a requerir menos esfuerzo del que creen, y les puede ahorrar un disgusto 😉

 
Deja un comentario

Publicado por en 17 noviembre 2012 en Ciencia, educación, pensamiento crítico

 

Etiquetas: , , ,

 
A %d blogueros les gusta esto: