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Archivo de la categoría: pensamiento crítico

Reflexión

Si las personas tuviésemos un verdadero código ético personal, no serían necesarias las leyes.

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Publicado por en 31 marzo 2013 en pensamiento crítico, personal

 

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Falacia “open-minded” (o mentes abiertas)

Hay una opción en el correo electrónico que nos ayuda a gestionarlo. Con los filtros podemos clasificar de manera automática los emails deseados bajo diferentes categorías y/o carpetas, mientras facilita la detección de los no deseados enviándolos a la carpeta de spam, e incluso suprimiéndolos en el acto.

Aunque los filtros son una herramienta muy útil, me pregunto cuanta gente les saca partido. Y no sólo me refiero a los filtros del correo electrónico. En nuestro día a día, usamos diferentes técnicas de manera más o menos inconsciente para llevar a cabo la toma de decisiones. Establecemos qué es importante de lo que no, qué es útil y qué no lo es, qué objeto es el correcto para hacer esto o aquello… Filtramos la información que nos llega de manera que nos pueda servir para generar conocimiento que nos ayude de alguna manera a realizar nuestras tareas. Y esto se hace porque la capacidad de acumular información de nuestro cerebro es limitada.

Desde que me metí en esto del escepticismo, he leído y oído bastante sobre la dicotomía mente abierta/mente cerrada. Dentro del contexto magufo, pero también en el eco-iLógico, se acusa a científicos y escépticos de tener una mente cerrada por no “creer”.

¿Y qué tiene que ver como tenga de agrietada la cabeza con los filtros? Seguid leyendo, si tenéis curiosidad.

Mente abierta vs. mente cerrada

Según el significado popular, una persona de mente cerrada es aquella que rechaza cualquier tipo de conocimiento nuevo. Por el contrario, una persona de mente abierta es alguien dispuesto a recibir nueva información sobre algo, a aprender y, llegado el caso, desechar una serie de conocimientos incorrectos.

Se supone que quienes están a favor de las terapias alternativas, los “saberes” místicos, y vivir con lo que mamá naturaleza nos da tienen una mente abierta. Los que tienen una mente cerrada, entonces, son aquellas personas que rechazan este tipo de… cosas, “por que no las comprenden ni quieren comprender”. Es decir, los científicos (porque hay cosas que la Ciencia no puede explicar) y los escépticos (que dudan de todo).

Pero lo gracioso del asunto es que justamente tanto científicos como escépticos estamos encantados si alguien viene a contradecirnos en nuestras convicciones. Lo único que le pedimos es que nos traiga pruebas fehacientes. Más de uno se sorprendería ver la facilidad con que la comunidad científica está dispuesta a reformular, e incluso desechar, hipótesis y hasta leyes, como a punto estuvo de suceder con los neutrinos que superaban la velocidad de la luz.

Ahora, dile a una persona eco-iLógica con todos los informes y estudios posibles sobre que los vegetales “naturales” tienen el mismo valor nutricional que los convencionales, que está pagando el triple o el cuádruple por unas patatas de la misma calidad (o incluso peor) que las del súper, y veremos qué pasa.

La Ciencia prospera gracias a las personas curiosas, que se interesan y quieren entender lo que sucede a su alrededor. Tienen montones de preguntas a las cuales buscan una respuesta. Las más de las veces hallarla no es para nada fácil, y continuamente tienen que cambiar sus posturas rechazando hipótesis al adquirir nuevos conocimientos sobre aquello que investigan.

No se conforman con afirmaciones rápidas y sencillas, pues saben que tales afirmaciones son falsas, generalmente se contradicen entre ellas, y no les van a servir de nada. Luchan por encontrar explicación a los acontecimientos más nimios y, lo más importante, el conocimiento que obtienen lo acumulan y comunican al resto de individuos.

Filtros cerebrales

¿Recordáis lo que os comentaba al principio de que nuestro cerebro filtra la información que le llega? Como dije, esto se suele realizar de manera inconsciente para realizar por ejemplo tareas mecánicas (lavarse los dientes, rellenar un vaso con agua… me seguís); pero algunas veces tenemos que detenernos a pensar. Sobretodo nosotros, homo sapiens, buscamos encontrar la respuesta a ciertas dudas existenciales (bueno, existenciales más o menos). Para ello tenemos tres mecanismos.

Podemos tratar de olvidar las dudas poniéndonos a hacer otra cosa, cerrar nuestros sentidos para que no nos entretengan en cosas “sin importancia”.

O también podemos indagar un poco, preguntando aquí y allá, con dar alguna respuesta… y nos tragamos la primera mierda que nos digan. Total, de alguna manera tendrán que suceder las cosas, y es más fácil de imaginar y suena más poético decir que Zeus lanza rayos a la Tierra porque está enojado, que decir que son causados por una perturbación atmosférica.

O, una vez hemos dado con unas cuantas respuestas, no detenernos ahí: analizar cómo se ha llegado a esas hipótesis, si han habido datos nuevos, cuantas personas han llegado a las mismas conclusiones… Y aprender a descartar aquellas respuestas que no se sostienen por la falta de datos, porque se contradicen con otras más plausibles e incluso a sí mismas, y/o porque no hay manera de saber si son afirmaciones verdaderas.

Para ello es aconsejable hacer funcionar nuestros propios filtros. ¿Y cómo se puede hacer? Se puede empezar por detectar cuales son los conceptos que nos interesan (a nivel personal, profesional, académico, etc.), determinar cual sería su importancia en cuanto a utilidad, y no olvidar actualizarlos.

Al hablar de productos para el consumo, por poner un ejemplo, “tóxico” puede ser un concepto más útil que “orgánico”. Básicamente porque “orgánico” es todo aquello que procede de seres vivos, que suele ser el 100% de lo que comemos, mientras que “tóxico” es una propiedad indicativa de que el producto es nocivo para la salud. Cuando se recetan preparados de Rhus toxicodendron, lo que menos debería preocupar es cuan natural y “orgánicas” son las hojitas, si no la elevada toxicidad de la planta. Y, a raíz de ello, especular sobre la profesionalidad de quien está aconsejando tomarlas.

Tener una mente abierta no es pernicioso, pero si no prestamos atención, se nos puede caer el cerebro. Por ello, mejor sujetarlo con unos buenos filtros 😉

 
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Publicado por en 23 febrero 2013 en pensamiento crítico, trucos

 

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“Es que soy de letras”

¿Cuantas veces habré oído esa afirmación? Usada tanto como disculpa para alguien que se ha equivocado haciendo cálculos, como a la hora de escaquearse una persona cuando se le está explicando algún concepto científico. “Yo es que soy de letras”. Y dejamos de insistir. Cada uno tiene su formación y, si a uno no le enseñaron de pequeño la teoría de la relatividad, pues mira, no tiene la culpa.

¿Pero a que todos sabemos contar? Si no fuese el caso, las carreras de economista y matemáticas serían un chollo. Todo el mundo contratando a alguien que haga cálculos por ellos.

Más lejos de la realidad, lamentablemente para los matemáticos.

Dime y olvidaré, muéstrame y podría recordar, involúcrame y entenderé

Es curioso cómo la sociedad ha ido desplazando los saberes científicos a un segundo plano. A una persona “de ciencias” se le recrimina si sus conocimientos sobre historia, literatura, arte y demás humanidades son escasos o nulos. ¿Por qué no hay el mismo sentimiento hacia personas “de letras” que no saben qué es la tabla periódica, que la evolución es real o que las mareas son causadas por la Luna?

Quizá es porque “ser de letras” es más común ya que, supuestamente, hay que hacer menos esfuerzo intelectual. O eso es lo que parece.

La enseñanza de humanidades se caracteriza por la pura y dura memorización de los datos, siguiendo un hilo mínimo de coherencia lógica (si sucede B, es porque sucede A; y punto). Cualquier individuo sin demasiados problemas de memoria puede almacenar mucha información que, con mínimo esfuerzo de comprensión, puede transformar en conocimiento útil.

Sin embargo, para adquirir conocimientos científicos, es necesario realizar un esfuerzo de comprensión mayor. Además, para ayudar a dicha comprensión, se necesita de comprobación empírica o ejemplos; experimentos, vamos. El problema es que pocos profesores se esfuerzan por realizar hasta los más sencillos y, sobretodo, escasos son los centros escolares con recursos suficientes para que se puedan llevar a cabo.

Con este panorama, se resuelve enseñar ciencias a base de la obligatoria memorización de conceptos, sin reparar en que esta es la peor manera para que los alumnos aprendan. Sólo aquellos con suficiente capacidad de comprensión, imaginación y, sobretodo, curiosidad pueden entender por ellos mismos los diferentes conceptos explicados y verse atraídos por las ciencias de tal manera que decidan continuar estos estudios. Pero para la mayor parte de los escolares, es terriblemente anodino soportar lecciones científicas mediante la memorización de datos y la aplicación de las diferentes fórmulas en problemas que les cuesta visualizar sin ningún tipo de ejemplo palpable. Estos estudiantes salen del instituto con una visión más deprimente que atractiva de aquello que la Ciencia les puede ofrecer; acaban renunciando a recibir cualquier tipo de conocimiento científico de por vida y, a la hora de realizar estudios universitarios, optan por las carreras más fáciles, supuestamente, ciencias sociales, arte y humanidades (para descubrir, demasiado tarde, que en menudo berenjenal se han metido).

¿Se le dan mal los números? Puede que padezca discalculia

matemáticas, peligro, señal

¡Ui, que susto!

La mayor parte de las personas conoce la dislexia, el trastorno identificado con la dificultad en la lectura y que imposibilita la correcta comprensión de aquello que se lee. Viene causada cuando el cerebro no reconoce ni procesa adecuadamente ciertos símbolos, y perjudica el aprendizaje y el rendimiento de la persona que lo padece, sin que existan otros problemas de tipo sensorial, físico, motor o deficiencia educativa.

Pero muy poca gente sabe qué es la discalculia. Se trata de otro trastorno del aprendizaje que afecta a la capacidad para el procesamiento numérico y el cálculo. Quienes padecen este trastorno tienen problemas como:

  • confusión de signos, reversión o transposición de números,
  • dificultad para memorizar tablas y fórmulas,
  • dificultades relacionadas con la orientación espacial,
  • dificultad para comprender y recordar conceptos, reglas, fórmulas y secuencias matemáticas,
  • dificultad con el cálculo mental, junto con la necesidad de ayudarse de los dedos para contar.

Todo esto afecta a la larga al rendimiento académico en cuanto a adquirir nuevos conocimientos científicos, al estar vinculadas materias como física y química al cálculo matemático.

Aunque la discalculia tiene un tratamiento, si cabe, sencillo, lamentablemente es poco conocida. Normalmente, cuando un alumno tiene problemas con las matemáticas, se culpa a que es una asignatura compleja, que el docente es un mal profesor, e incluso que el estudiante es un negado. No se reconoce que pueda sufrir discalculia y, en vez de buscar a un especialista, los tutores o bien le apuntan a clases intensas de repaso que sólo sirven para desanimar al estudiante, o terminan por aceptar que al chico o a la chica simplemente se le dan mal las matemáticas y que, por tanto, mejor se dedique a “algo de letras”.

Craso error.

Que una persona tenga un trastorno de discalculia, no significa que esté incapacitada para las ciencias en general. Le va a costar más esfuerzo comprender los conceptos y visualizar los ejemplos, pero no por ello va a tener que renunciar a saciar su curiosidad.

Yo también soy de letras, ¿y qué?

Soy discalcúlica desde los 8 o 9 años. Aunque quise hacer biología, no tuve suficiente nota en la selectividad, y opté por una carrera de ciencias sociales como es biblioteconomía. Pero accedí a ella a través de la modalidad de bachillerato en ciencias de la salud, y no me arrepiento para nada de ello. A pesar de las horas de repaso en matemáticas y química, me sorprendí a mi misma resolviendo con soltura problemas de física. Y, cuando años después sin tocar ninguna fórmula química me topé con una optativa sobre terminología científica, me di cuenta de cuanto las había echado en falta.

No es necesario ser un crack en matemáticas para que te gusten las ciencias. Sólo se necesitan curiosidad y ganas de aprender.

Hace más quien quiere que quien puede. Por ello, cada vez que una persona dice “Yo es que soy de letras” me está dando a entender varias cosas. Por un lado, que tiene escaso o nulo interés por lo que pasa a su alrededor, motivo por el cual a cualquiera se le van las ganas de explicarle nada. Por otro, que dicha persona se reconoce como estúpida, aunque muy probablemente no lo sea. Pero, sobretodo, que es un homenaje a la vagancia.

Que una persona haya dedicado su formación a las ciencias sociales (que son ciencias, al fin y al cabo, y con la excusa de “soy de letras” lo único que transmite es incompetencia), a las artes (que, por cierto, tienen mucho que ver con la Ciencia y las matemáticas), o a las humanidades no conlleva que su nivel científico se quede en dos más dos igual a cuatro.

Con lo divertida que es la Ciencia… Da para situaciones como esta:

– ¿Segundo apellido?
– Espí
– ¿Acabado en I?
– Sí
– ¡Ah! Es que el mio es Espín, acabado en N.
– Ah, vale. Y, ¿se siente usted una partícula?*
– ¿Cómo?

* El espín es una propiedad física de las partículas subatómicas; indica el momento angular o cinético asociado a dicha partícula.
 
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Publicado por en 1 diciembre 2012 en Ciencia, pensamiento crítico

 

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Desmintiendo hoaxes: A Facebook le gusta tu bulo

Justo cuando estaba pensando en abrir una fan page de Facebook me encuentro con anuncios como este:

Facebook ha modificado la visibilidad de las FAN PAGES que no pasan por caja. Si queréis seguir recibiendo en vuestros muros con normalidad todos mis posts, seguid estos pasos (…)

Pero a una, que es algo escéptica y que además le gusta complicarse un poco la vida, esto le olía a hoax e indagó en un par de horitas sobre ello. Así que, aprovechando la mini-investigación, inauguro la sección.

Qué es un hoax

1000 likes, gato, niños, facebook, petición, urbano

Bueno, algunas peticiones son de verdad

Un hoax es hacer pasar por real una noticia falsa. Lo que en español se traduce como bulo. Su propósito es simple y llanamente el de llegar a cuanta más gente mejor, y el caso de los hoaxes informáticos no es diferente.

Los ejemplos más típicos son los avisos sobre nuevos virus, leyendas urbanas, métodos para hacerse rico y, los más devastadores, las cadenas. Devastadores en el sentido emocional: por muchas veces que reenviemos ese mail de tipografía tan espantosa, no vamos a ligar más (de hecho más bien lo contrario si somos demasiado insistentes), ni a ese niño le van a dar la misma cantidad monetaria que tenga de Likes.

Aquí se pueden encontrar una gran variedad de hoaxes.

Facebook y los rumores de pago

Hace tiempo que los usuarios de Facebook sufrimos mensajes tipo “¿Sabías que Facebook pasará a ser de pago…?” o “Facebook vende nuestra información a la CIA”, normalmente acompañado de un “comparte/dale a “Me gusta” para impedir que Facebook” etcétera. O aquellas fotos de niños en condiciones deplorables que se comparten una y otra vez. Como ya he dicho, por más Likes que se consigan, la organización X no va a donar dinero para la operación que salvará la vida del niño, básicamente por que la organización y/o el niño son inexistentes. Y esto son sólo unos ejemplos.

Resulta que desde el pasado octubre circula un nuevo bulo: Facebook impondrá tarifas a los propietarios de páginas en la red social, o fan pages. Y nada más… cerca de la realidad, pero sin serlo.

Facebook hace tiempo que tiene un servicio de pago, como Google y Yahoo! Pero es opcional. Si, como propietario, quieres que la página llegue a una mayor audiencia de la que ya tiene, Facebook te ofrece una tarifa por una promoción extra. Pero el servicio base es gratuito; es decir, tú puedes tener una página con una audiencia más o menos grande, pero no por ello tienes que pagar.

¿Y cómo se ha extendido este bulo? Hace poco Facebook actualizó los parámetros de su algoritmo EdgeRank, lo que provocó la caída del alcance de las páginas en cuanto a audiencia se refiere. Esto es perjudicial sobretodo para aquellas entidades a quienes les interesa tener una audiencia elevada y que, ahora, sólo pueden remediarlo contratando una de las tarifas de promoción que Facebook les ofrece. Pero para las páginas que no busca llegar a un público demasiado grande, esto no tiene por qué afectarles demasiado.

No obstante, y curándose en salud, Facebook implementó desde hace ya un tiempo las funcionalidades de “Recibir notificaciones” y “Añadir a la lista de intereses” que, además de paliar en cierto grado esta disminución de la audiencia, permiten al fan gestionar las actualizaciones que quiere recibir.

Así que, queridos propietarios de fan pages de Facebook, a menos que queráis llegar a miles de millones de usuarios, creo que podéis estar tranquilos pues Zuckerberg no os va a cobrar por número de Likes en ella. Lo que sí tenéis que hacer es recomendar a vuestros fans que seleccionen la opción de “Recibir notificaciones” o, mejor, “Añadir a la lista de intereses”, como se explica aquí.

 
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Publicado por en 22 noviembre 2012 en bulo, redes sociales

 

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Paréntesis: sobre Ciencia y falsas ciencias

Mientras añadía enlaces para el este pequeño blog, me percaté de que muchos sitios versaban sobre pseudociencias. Y me quedé pensando que no había escrito sobre dicho concepto; ni siquiera del de ciencia.

Empecé muy fuerte hablando sobre genética y transgénicos. Ahora toca hacer un parón para hablar de algo más básico. ¿Una chorrada? Tal vez. Todo el mundo sabe qué es la ciencia, que sirve para hacerlas pasar mal en la escuela memorizando fórmulas incomprensibles, y que es eso que los intelectuales usan para dominar el mundo. Y que las pseudociencias consisten en alguna rama más amable de las primeras.

Bueno, sigan leyendo si les interesa el tema, que les voy a intentar explicar a grandes rasgos cómo diferenciar unas de otras.

Qué es la Ciencia

Cuando hablamos de Ciencia, nos referimos al conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación que han sido sistemáticamente estructurados de manera razonada para poder deducir principios y leyes generales. En un sentido amplio, la Ciencia es:

  • Empírica: se basa en la experimentación y en la observación para recabar nueva información.
  • Metódica: cada estudio, cada análisis, cada experimento está planteado de forma detallada y organizada.
  • Sistemática: recopila la información utilizando métodos y técnicas que permiten organizarla para que los resultados sean entendidos.
  • Especializada: abarca muchos campos del saber diferentes que, sin embargo, pueden estar relacionados entre sí.
  • Explicativa: basándose en los resultados, la ciencia trata de explicar los nuevos conocimientos a través de hipótesis que describen los hechos y cómo ocurren, y se ocupa también de divulgarlos para el máximo provecho de la humanidad.
  • Predictiva: basándose en las hipótesis generadas tras el análisis de los resultados, la Ciencia trata de hacer predicciones sobre cómo pudo haber sido y cómo podrá ser un hecho, un suceso o una circunstancia en un futuro.
  • Objetiva: la ciencia busca la verdad para poder dar respuesta a los interrogantes propuestos de forma universal, sin ataduras de ningún tipo salvo la propia capacidad imaginativa de los científicos y de los recursos a su alcance.

Ciencia es todo aquel conocimiento probado que ayuda a comprender mejor nuestro entorno y que nos permite, llegado el caso, a solucionar problemas. Y quedémonos con ese “probado”, el kit de la cuestión.

El método científico

La ciencia se basa en la observación y la experimentación. Cualquier hecho observado es analizado para poder ser entendido. Una vez entendido cómo se produce, los científicos tratan de reproducir el entorno observado en el que tiene lugar ese hecho para ver si de verdad, cuando se sucedan las condiciones observadas, se produce.

El segundo paso es experimentar, modificar el entorno para saber si el hecho tiene lugar en condiciones distintas. Y a partir de aquí se intenta encontrar una relación más específica de porqué se produce ese hecho, generando una hipótesis.

Por último se trata de corroborar dicha hipótesis, repitiendo si es necesario los experimentos, o añadiendo algún cambio. Si la hipótesis se mantiene, se acaba de realizar un descubrimiento, que es comunicado al resto de la comunidad científica.

Y así es, a grandes rasgos, cómo funciona el método científico. Largo y tedioso, un único experimento puede durar años, pero es el sistema por el cual la especie humana hemos podido sobrevivir y avanzar. Es lo que diferencia la Ciencia de las pseudociencias.

Qué es una pseudociencia

Etimológicamente, es una ciencia falsa. Ampliando un poco más la definición, una pseudociencia es una afirmación, creencia o práctica que, a pesar de presentarse como científica, no se basa en un método científico válido, carece de rigor y evidencias plausibles, y tampoco puede ser verificada de forma fiable. En otras palabras, es un fraude.

Los pseudocientíficos, también llamados magufos, son los defensores de este tipo de prácticas, bien por que se las creen y/o porque se aprovechan de la credulidad de la gente para obtener beneficios económicos y sociales (por desgracia la mayor parte de casos). Se caracterizan por el uso de afirmaciones exageradas, vagas, o de imposible comprobación.

A diferencia de los científicos, se apoyan en investigaciones de corta duración (no suelen durar más de un par de años) que basan sus resultados en testimonios pasados de difícil verificación (una mujer que de repente “recuerda” ser abducida de pequeña, como que muy creíble no es, no fastidien). Y las conclusiones de sus investigaciones nunca llegarán a tener renombre internacional ni llegarán a ser publicados. De hecho, les sale más rentable escribir libros con suficiente gancho literario que no necesitará pasar ningún control de calidad.

¿Metiéndome con las pseudociencias?

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Chaparrón de pseudociencias

Con esta parrafada espero que tengan ahora una idea de qué es una cosa y la otra: la ciencia se basa en la observación, la comprobación, y la comparación; la pseudociencia sólo en una supuesta observación.

La Ciencia nació para el beneficio tanto del ser humano como de la naturaleza, a la cual intenta conocer. Y, aunque no lo sabe todo, suele acertar bastante. Las pseudociencias, en cambio, no sólo tratan de imponerse a la Ciencia en muchas ocasiones, si no que sólo lo hace en beneficio de muy pocos.

Y ahora la pregunta: ¿porqué me meto con las pseudociencias? Sinceramente y con total subjetividad, por que las considero peligrosas. Son peligrosas porque sus prácticas se basan en engaños llevados a cabo por gente que sólo busca el beneficio propio, las más de las veces poniendo en peligro los bolsillos de quienes les creen y, en no pocas ocasiones, también su salud. Bajo la falsa premisa que pueden explicar lo que la Ciencia aún no ha descubierto (como ya se ha mencionado, sin comprobación alguna que valga), se hacen hueco en la sociedad.

Y no me enrollo mucho más, pero les dejo un pequeño recopilatorio de “bondades” pseudocientíficas:

Piensen en ello, que es gratis, les va a requerir menos esfuerzo del que creen, y les puede ahorrar un disgusto 😉

 
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Publicado por en 17 noviembre 2012 en Ciencia, educación, pensamiento crítico

 

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Pensando y haciendo pensar

En la sociedad actual, cada vez es más fácil conseguir información. De cualquier tipo. Los avances científicos están más al alcance que nunca de la gente de a pie. Sin embargo, estamos atravesando una etapa conocida como desinformación: nunca antes se había producido un colapso en la información que una persona puede digerir (metafóricamente hablando). Hay tantos datos disponibles que las personas no saben ya distinguir los verídicos de los falsos.

A pesar de estar viviendo una etapa de continuo desarrollo científico, tecnológico y moral, la mayor parte de la población no tiene constancia. Bien porque de pequeños les quitaron las ganas de cuestionarse aquello que les rodea, o por que la apatía creciente durante la madurez les ha vuelto reacios a curiosear, el grueso de la sociedad no parece demostrar ningunas ganas por saber qué ocurre a su alrededor. Lo peor de todo, es que la misma gente rehusa siquiera recibir cualquier tipo de información al respecto. Puede que para algunos no tenga importancia, pero este sector de la sociedad cae bajo el influjo de elementos que se aprovechan de esta nueva forma de analfabetismo, desde grupos sectarios hasta medios de comunicación sensacionalistas, confundiendo los verdaderos avances científicos con el mundo de las pseudociencias y los problemas reales con falsas conspiraciones.

Desde hace unos años han surgido diferentes grupos y asociaciones preocupadas por el analfabetismo informacional, llamado así en el mundillo de las ciencias de la información, e intentan poner remedio. La mayor parte son científicos que usan Internet como canal para transmitir sus ideas e investigaciones al resto del mundo. Sin embargo, muy poca de la información y conocimiento que ofrecen son digeribles mentalmente para el común de los mortales. Por eso el nacimiento de este blog: por un lado, apoyar la divulgación científica poniendo al alcance de la población en general todos aquellos recursos necesarios para que puedan adquirir cierto nivel básico de conocimientos, tanto científicos como éticos y racionales; y, por otro lado, ayudar a que la gente de a pie pueda desarrollar un pensamiento crítico, sin miedo a qué dirán los demás.

Bienvenidos a este nuevo blog en el que se pretende dar una visión crítica, científica y, sobretodo, racional de todo cuanto sucede a nuestro alrededor. El propósito de este sitio es el de ofrecer a la gente normal y corriente información contrastada sobre aquellos temas que, pese al interés que puedan suscitar, nunca se tiene el tiempo ni las ganas de buscar.

 
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Publicado por en 14 octubre 2012 en educación, pensamiento crítico

 

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