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Archivo de la categoría: relatos cortos

Licántropo

Y otro.

A Adam le dio la impresión de que algo se movía entre los arbustos. Se acercó y vio un abrigo sobre las ramas; era blanco, y olía a perfume. Un perfume que le recordaba a alguien.
Entre los árboles situados detrás de los arbustos, la luz de la luna se colaba entre las ramas, y Adam pudo vislumbrar que algo se movía entre ellas.
Rodeó el pequeño bosquecillo, hasta encontrarse en medio de un claro entre un grupo de frondosos árboles que separaban la zona del estanque de la del camino. Y ahí, entre los árboles, lo vio.
Era un hermoso perro; una raza de esas de las nieves, o incluso un lobo. Su pelaje era blanco, más oscuro por el lomo y la parte superior de la cabeza, y los ojos azules brillaban con la pálida luz lunar. El animal parecía asustado. Adam lo llamó suavizando la voz.
Poco a poco, la bestia se levantó, hasta superar la altura de Adam.

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Publicado por en 25 abril 2017 en Relatos, relatos cortos

 

En Central Park

Otro relato viejo.

El hada corría colgándose por las ramas. Estaba muy feliz; había conseguido encandilar a una presa nueva: un joven rubio que la perseguía sin demora. ¡Y cómo corría! Era difícil despistarle. La cosa estaba interesante.
La persecución había durado toda la noche, y estaba amaneciendo. El hada debía llegar a su escondrijo antes que el rocío empapara los árboles de Central Park. Estaba cansada, y cada vez que se giraba para contemplar a su perseguidor, tenía la vana esperanza de que éste desistiera, que mostrara signos de cansancio. Ya no le importaba que fuera una buena pieza; ese día no, quizá otra noche. Pero el joven parecía igual de ágil que hacía unas 6 horas.
Al final, el hada juguetona consiguió despistarle entre la frondosa arboleda. Aprovechó para tomar aire y espió a su presa. El muchacho se detuvo también, y así sí parecía un poco cansado. “¿Dará tiempo?” faltaban pocos minutos para el amanecer. “Si al menos consiguiera acercarme lo suficiente como para dormirlo… Sí, es un buen premio, lo merece”. El hada consiguió situarse muy cerca del muchacho, casi podía llegar sobre su hombro con un saltito.

Se mostró fatigado; pero tenía todos sus sentidos alerta. Un hada muy… traviesa. Demasiado.
“Un pequeño soplo, y uno más para mi colección”. Pero el soplo no llegó.
– Te tengo, pequeño asesino.
El sol hacía brillar las hojas de los árboles, y aquellos ojos enormes de color azul marino.
– ¡¿Cómo es pos…?! – el hada se hallaba en un gran aprieto; miró fíjamente a su captor, y cayó en la cuenta – ¡Suéltame maldito!
La sangre tiñó algunas ramas. El elfo separó con su cuchillo la pequeña cabecita del cuerpo del hada, que se evaporó en el acto.
– No debiste salir del Viejo Mundo – dijo negando con la cabeza.

 
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Publicado por en 25 abril 2017 en Relatos, relatos cortos

 

El ladrón

Este relato lo escribí hace como 10 años para adornar un manual de rol que nunca llegó a salir.

Consiguió llegar a la galería en pocos minutos, esquivando las alarmas sin problemas. El pintor cuya obra se exhibía esa semana en el Museu d’Art Pio V era muy joven, pero aún así tenía un gran potencial y sus cuadros gran aprecio entre las altas esferas de la sociedad. Pero no había venido por ellas; ese tipo de pinturas siempre estaba sujeta a modas pasajeras.
Se aseguró los guantes y recorrió silenciosamente los pasillos hasta llegar a la sala. Se situó delante de un cuadro. Examinó el marco y, como pensaba, la seguridad en aquella habitación era mínima por causas de reducción del gasto. “Sí que llegan a ser tacaños con la cultura en esta ciudad, sí…”. Descolgó la pintura, quitó el marco y enrolló el lienzo cuidadosamente, introduciéndolo después en un tubo. “Seguro que al jefe le gustará este regalito”, pensó mientras abría los pestillos de la ventana esquivando los lásers.
Salió del edificio descendiendo por la pared; la distancia que lo separaba del suelo no era mucha. Cuando llegó, cogió una piedra y la arrojó a la ventana por donde había escapado, rompiendo los cristales y haciendo sonar la alarma.
Mientras se ocultaba entre las sombras, pensaba en la cara de sus compañeros más veteranos cuando los medios de comunicación anunciaran la noticia de su nueva gesta. Así mismo, trató de imaginar la reacción de sus compañeros de instituto, tan prepotentes ellos, si llegaran a saber que el ladrón de museos se hallaba entre ellos.

 
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Publicado por en 25 abril 2017 en Relatos, relatos cortos

 
 
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