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Falacia “open-minded” (o mentes abiertas)

Hay una opción en el correo electrónico que nos ayuda a gestionarlo. Con los filtros podemos clasificar de manera automática los emails deseados bajo diferentes categorías y/o carpetas, mientras facilita la detección de los no deseados enviándolos a la carpeta de spam, e incluso suprimiéndolos en el acto.

Aunque los filtros son una herramienta muy útil, me pregunto cuanta gente les saca partido. Y no sólo me refiero a los filtros del correo electrónico. En nuestro día a día, usamos diferentes técnicas de manera más o menos inconsciente para llevar a cabo la toma de decisiones. Establecemos qué es importante de lo que no, qué es útil y qué no lo es, qué objeto es el correcto para hacer esto o aquello… Filtramos la información que nos llega de manera que nos pueda servir para generar conocimiento que nos ayude de alguna manera a realizar nuestras tareas. Y esto se hace porque la capacidad de acumular información de nuestro cerebro es limitada.

Desde que me metí en esto del escepticismo, he leído y oído bastante sobre la dicotomía mente abierta/mente cerrada. Dentro del contexto magufo, pero también en el eco-iLógico, se acusa a científicos y escépticos de tener una mente cerrada por no “creer”.

¿Y qué tiene que ver como tenga de agrietada la cabeza con los filtros? Seguid leyendo, si tenéis curiosidad.

Mente abierta vs. mente cerrada

Según el significado popular, una persona de mente cerrada es aquella que rechaza cualquier tipo de conocimiento nuevo. Por el contrario, una persona de mente abierta es alguien dispuesto a recibir nueva información sobre algo, a aprender y, llegado el caso, desechar una serie de conocimientos incorrectos.

Se supone que quienes están a favor de las terapias alternativas, los “saberes” místicos, y vivir con lo que mamá naturaleza nos da tienen una mente abierta. Los que tienen una mente cerrada, entonces, son aquellas personas que rechazan este tipo de… cosas, “por que no las comprenden ni quieren comprender”. Es decir, los científicos (porque hay cosas que la Ciencia no puede explicar) y los escépticos (que dudan de todo).

Pero lo gracioso del asunto es que justamente tanto científicos como escépticos estamos encantados si alguien viene a contradecirnos en nuestras convicciones. Lo único que le pedimos es que nos traiga pruebas fehacientes. Más de uno se sorprendería ver la facilidad con que la comunidad científica está dispuesta a reformular, e incluso desechar, hipótesis y hasta leyes, como a punto estuvo de suceder con los neutrinos que superaban la velocidad de la luz.

Ahora, dile a una persona eco-iLógica con todos los informes y estudios posibles sobre que los vegetales “naturales” tienen el mismo valor nutricional que los convencionales, que está pagando el triple o el cuádruple por unas patatas de la misma calidad (o incluso peor) que las del súper, y veremos qué pasa.

La Ciencia prospera gracias a las personas curiosas, que se interesan y quieren entender lo que sucede a su alrededor. Tienen montones de preguntas a las cuales buscan una respuesta. Las más de las veces hallarla no es para nada fácil, y continuamente tienen que cambiar sus posturas rechazando hipótesis al adquirir nuevos conocimientos sobre aquello que investigan.

No se conforman con afirmaciones rápidas y sencillas, pues saben que tales afirmaciones son falsas, generalmente se contradicen entre ellas, y no les van a servir de nada. Luchan por encontrar explicación a los acontecimientos más nimios y, lo más importante, el conocimiento que obtienen lo acumulan y comunican al resto de individuos.

Filtros cerebrales

¿Recordáis lo que os comentaba al principio de que nuestro cerebro filtra la información que le llega? Como dije, esto se suele realizar de manera inconsciente para realizar por ejemplo tareas mecánicas (lavarse los dientes, rellenar un vaso con agua… me seguís); pero algunas veces tenemos que detenernos a pensar. Sobretodo nosotros, homo sapiens, buscamos encontrar la respuesta a ciertas dudas existenciales (bueno, existenciales más o menos). Para ello tenemos tres mecanismos.

Podemos tratar de olvidar las dudas poniéndonos a hacer otra cosa, cerrar nuestros sentidos para que no nos entretengan en cosas “sin importancia”.

O también podemos indagar un poco, preguntando aquí y allá, con dar alguna respuesta… y nos tragamos la primera mierda que nos digan. Total, de alguna manera tendrán que suceder las cosas, y es más fácil de imaginar y suena más poético decir que Zeus lanza rayos a la Tierra porque está enojado, que decir que son causados por una perturbación atmosférica.

O, una vez hemos dado con unas cuantas respuestas, no detenernos ahí: analizar cómo se ha llegado a esas hipótesis, si han habido datos nuevos, cuantas personas han llegado a las mismas conclusiones… Y aprender a descartar aquellas respuestas que no se sostienen por la falta de datos, porque se contradicen con otras más plausibles e incluso a sí mismas, y/o porque no hay manera de saber si son afirmaciones verdaderas.

Para ello es aconsejable hacer funcionar nuestros propios filtros. ¿Y cómo se puede hacer? Se puede empezar por detectar cuales son los conceptos que nos interesan (a nivel personal, profesional, académico, etc.), determinar cual sería su importancia en cuanto a utilidad, y no olvidar actualizarlos.

Al hablar de productos para el consumo, por poner un ejemplo, “tóxico” puede ser un concepto más útil que “orgánico”. Básicamente porque “orgánico” es todo aquello que procede de seres vivos, que suele ser el 100% de lo que comemos, mientras que “tóxico” es una propiedad indicativa de que el producto es nocivo para la salud. Cuando se recetan preparados de Rhus toxicodendron, lo que menos debería preocupar es cuan natural y “orgánicas” son las hojitas, si no la elevada toxicidad de la planta. Y, a raíz de ello, especular sobre la profesionalidad de quien está aconsejando tomarlas.

Tener una mente abierta no es pernicioso, pero si no prestamos atención, se nos puede caer el cerebro. Por ello, mejor sujetarlo con unos buenos filtros 😉

 
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Publicado por en 23 febrero 2013 en pensamiento crítico, trucos

 

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Piensa en tu tiempo

Las últimas semanas he estado bastante atareada. Esto no es nada raro, viendo las fechas que son. Además, el ser humano no ha evolucionado para hacer más de tres cosas a la vez. Vale, masticar chicle y caminar al mismo tiempo puede hacerse. Pero no me refiero a eso.

A pesar de estar ocupada, siempre me permito algún respiro, y justo lo aproveché para mirar el Reader. Encontré algunos consejos para tomar la vida con más tranquilidad; no renunciando al trabajo, pero sí organizarlo mejor. Algunos eran nuevos para mi, pero otros ya los conocía.

Me gustaría compartirlos, sobretodo en esta época donde todo el mundo va contrarreloj. Pero de una manera muy mía, añadiendo cosas que puede muy pocos hayan tenido en cuenta.

Esta entrada puede que no tenga demasiado que ver con lo tratado anteriormente. Sin embargo, lo primero que recomiendo es pensar 😉

Pensar antes de actuar

Párate un momento antes de nada y evalúa qué tienes que hacer. ¿Qué te han pedido? ¿Cómo lo puedes hacer? ¿Qué te va a reportar?

Mira la chorrada que es quedarse pensando qué ganaría yo fregando los platos. Bueno, para empezar, me he quedado sin enseres de cocina para hacerme la cena. Oh sí, tengo un trabajo que revisar pero, ¿ sabéis lo molesto de estar pensando con el estómago vacío?

Con pensar antes de realizar la tarea me estoy refiriendo a analizar el TUU (ehm… sí, me he inventado el acrónimo; ¿pero a que suena bien?):

  • Tiempo: cuanto tiempo conlleva realizar la tarea y, ya de paso, cuanto de qué otros recursos (dinero, por ejemplo) se va a necesitar.
  • Utilidad: el meollo de la cuestión, el “para qué” ¿Cual es el propósito de la tarea? ¿Qué voy a ganar con ello? ¿Me va a solucionar un problema o voy a salir beneficiado de alguna manera? O, por el contrario, ¿qué voy a perder, a parte de tiempo?
  • Urgencia: relacionada con la anterior, responde a la pregunta: ¿es importante? Mejor dicho, ¿es importante a corto plazo, ahora? Esto es algo que muchas madres y muchos jefes llevan fatal.

Pararse a analizar críticamente todo eso nos va a resultar más útil de lo que muchos piensan.

Priorizar

tiempo, manos, reloj

No me convence a mi este reloj…

¿Qué es peor, que te maten o que te expulsen de Hogwarts? Según Hermione Granger, lo segundo.

Aplicado a un ejemplo de la vida real, ¿qué es mejor: pasarte la noche estudiando para una asignatura cuya nota máxima a la que puedes aspirar es un 6, o terminar un proyecto optativo para esta otra en la que llevas una media de notable y puedes llegar al excelente?

Madres y padres dirán sin problemas la primera opción, siempre y cuando no se puedan hacer ambas en una misma noche. Pero cuando una persona lleva un tiempo en el mundillo académico aprende que un 5 o incluso un 6 no tienen por qué ser mejor que un “no presentado”, y que un 9 es bastante mejor que un 8 (es la gran diferencia entre notable y excelente). A menos que te estés jugando una beca, la segunda opción resulta más atractiva. ¿Que tendrías que estar un año más por una asignatura? Bueno, pero tu expediente será mejor que el del becado y es posible que tengas acceso a otras becas y/o trabajos más interesantes.

No todo es blanco o negro. Ni lo más fácil es trivial, ni lo que parece importante lo es en realidad. El dicho “no dejes para hoy lo que puedas hacer mañana” no siempre tiene connotaciones negativas. A veces vale la pena tumbarse en el sofá a echarse una siesta antes de meterse de lleno en ese informe super-ultra-importante, sobretodo si no has dormido bien por la noche y te duele la cabeza.

¿El truco? Pensar qué conviene más a uno mismo. Por que a veces hay que ser un poco egoísta y cabroncete para poder ayudar a los demás

En el ejemplo del examen, tus padres estarán orgullosos de que lo hayas aprobado todo. Pero tú habrás ido de culo aquella noche, te habrás quedado con un aprobado raspado en la asignatura difícil y un triste notable en la otra. Probablemente te hubiese salido más rentable repetir la asignatura difícil al año siguiente, de manera que hubieses podido sacar más nota y tener un mejor expediente. Además, ¿quien está estudiando, tú o tus padres? La universidad no es el instituto; si no puedes con una asignatura, la puedes dejar para el año siguiente sin que ello medre el resto del curso.

(En cuanto a las preferencias de Hermione, también creo que debe replantearse sus prioridades)

Saber decir “no”

Es duro, y más cuando quien nos pide el “favor” tiene el poder de derretir con una sonrisa, o nos puede cortar el grifo (más conocidos como los padres). Pero a veces hay que plantar cara y decir “no, no puedo hacer esto ahora”.

Porque hay favores que no son tales. Por un lado, muchas veces simplemente estamos haciendo el trabajo de otra persona de manera que ésta se aprovecha de que somos unos buenazos y recurrirá siempre a nosotros para que le “echemos un cable”. Por otro, porque impedimos que aprenda, que dependa de nosotros, y es probable que luego no sepa cómo sacarse las castañas del fuego.

Y, por último, evitamos el tener que hacer trabajo extra sacrificando nuestro propio tiempo. No es hacer caso omiso al “hoy por ti, mañana por mi”, si no más bien no cargarse de un trabajo que es probable nunca nos sea recompensando. Por que muchas veces el “hoy por ti” da paso a un “ni mañana ni pasado por mi”.

Cierra la paraeta si estás enfermo

En los últimos años ha descendido el número de bajas laborales por miedo a perder el trabajo. Seamos sinceros, algunos se pasan. Sin embargo, cada persona es un mundo y hay individuos que sufren dolencias con frecuencia que les impiden llevar a cabo sus tareas.

Si se está enfermo o se tiene alguna molestia que provoque malestar, lo mejor que se puede hacer es, primero, ir al médico. Segundo, hacerle caso. Tercero, descansar de verdad (no, no sirve que no vayas al trabajo pero te quedes limpiando la casa).

Un simple resfriado puede convertirse en una pesadilla. El trabajador que lo padezca tendrá dificultades en realizar bien sus tareas a causa de los incómodos síntomas (mucosidad, tos, dolor de cabeza, etc.) y el agotamiento típicos de esta enfermedad. Pero el problema es que, en poco tiempo, lo sufrirán el resto de trabajadores, sobretodo si comparten un espacio mal ventilado, e incluso puede llegar a contagiar a los clientes. El resultado, como 15 días de bajo rendimiento laboral, que se traducen en un descenso de la productividad. Y eso que tiene una solución muy simple: concederle un permiso de 3 a 5 días a aquellos individuos que presenten los síntomas. Y ventilar el espacio.

Planificar el tiempo

No sólo se trata de marcar en una agenda y/o calendario las diferentes tareas. Muchas veces el hito se queda ahí, apuntado en el día X, marcado con fosforescente y subrayado en rojo. Eso poco va a ayudar; lo único que vamos a conseguir es asustarnos al ver la página como si alguien la hubiese usado para contener una hemorragia. Bueno, un poco exagerado. Lo que no es una exageración es que, el hecho de ver las tareas pendientes, puede provocar ansiedad.

Es muy útil desglosar la tarea en subtareas o trabajos. Llevar una lista de las mismas es beneficioso por varias razones: se visualiza mejor el trabajo a realizar, ayuda a priorizar y, sobretodo, la satisfacción que da el ir tachando cada trabajo realizado no la quita nadie.

gato, agenda, planificación, tiempo

Tiempo de descanso

Hay diferentes técnicas que se pueden usar para llevar a cabo las tareas. Una de ellas es dedicar un tiempo al día para realizar dicha tarea; pero sólo un tiempo, sean minutos o un par de horas, no toda una jornada. Un truco es programar el reloj durante un lapso de tiempo determinado; cuando éste se agota, se hace un descanso y se pasa a la siguiente tarea. Esta es la técnica del Pomodoro, aunque también hay algunas aplicaciones para móvil con la misma función, como 30/30.

Pero planificar las tareas no sólo es cuestión de hacerlo entre semana. Durante el tiempo libre también es conveniente dedicar un espacio a realizar aquellos trabajos que siempre se han dejado apartados. Con esto se consigue tener de verdad tiempo libre para nosotros. Un tiempo para cada tarea, y un rato para el descanso.

Enseñar

¿Cansado de instalarle de nuevo el sistema operativo a su primo? O bien le cobras por los servicios, o le enseñas a que se lo instale él mismo. Como ya comenté unos párrafos más atrás, no siempre el favor es tal. En esta sociedad tan amante de la vagancia, el hecho de que hayan personas dispuestas a ayudar es un tesoro pero, por desgracia, mal considerado.

¿De verdad quieres ayudar? Entonces tómate un tiempo para enseñar a la otra persona cómo puede solucionar su problema. Como reza el proverbio “regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida”. Más claro, agua destilada.

¿Que no lo pilla o no tiene tiempo de explicaciones? Bueno, ¿y si redactas un manual? Algo tan simple como escribir en un papel las instrucciones para conectar el reproductor DVD o encender la lavadora es aún ayuda igualmente.

Aunque, si es posible, enseña. Por un lado, estarás ayudando de verdad a la otra persona, que se sentirá útil cuando al fin consiga hacer la tarea por sí misma. Por otro, estás dedicando tiempo a conoceros mejor. Y, por otro, tú también estarás aprendiendo.

Tómate un respiro, sociedad

¿Alguien conoce el dicho “quien mucho abarca poco aprieta”? Toda esa gente que se hace de admirar porque tiene 20 proyectos a la vez. Luego, cuando las conoces un poco más, te das cuenta que algo falla: se dejan cosas pendientes, no prestan atención a lo que hacen, incumplen promesas (“Pobre, va tan atareado… En fin, ya celebraremos nuestro aniversario dentro de cinco meses…”), su salud se resiente… La lista es larga.

En esta sociedad se entiende que, cuanta más carga de trabajo tienes, es porque eres más inteligente, más capacitado, más organizado y más buena persona. ¿Pero hasta qué punto sirve que te consideren así cuando te quedas solo? Solo porque no tienes tiempo para tus seres queridos, tampoco para hacer nuevas amistades, por mucha gente que conozcas (sobre la diferencia entre amigo y conocido, ya hablaré otro día) y, obviamente tampoco tienes tiempo para dedicarte a ti mismo. Lo peor es cuando se llega a extremos de comportarse en la vida privada como si fuese un trabajo más, y tratar a la pareja o a los amigos como trabajadores subordinados.

Porque muchas veces no nos damos cuenta de aquello que de verdad tiene importancia hasta que es demasiado tarde. Por ello, es bueno parar de vez en cuando, y pensar qué estamos haciendo.

Y, mientras tanto, darnos un respiro y seguir el consejo del gran Gandalf:

“Sólo tú puedes decidir qué hacer con el tiempo que se te ha dado” (Gandalf)

El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo (JRR Tolkien)
 
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Publicado por en 15 diciembre 2012 en organización, salud, trucos

 

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