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“Es que soy de letras”

¿Cuantas veces habré oído esa afirmación? Usada tanto como disculpa para alguien que se ha equivocado haciendo cálculos, como a la hora de escaquearse una persona cuando se le está explicando algún concepto científico. “Yo es que soy de letras”. Y dejamos de insistir. Cada uno tiene su formación y, si a uno no le enseñaron de pequeño la teoría de la relatividad, pues mira, no tiene la culpa.

¿Pero a que todos sabemos contar? Si no fuese el caso, las carreras de economista y matemáticas serían un chollo. Todo el mundo contratando a alguien que haga cálculos por ellos.

Más lejos de la realidad, lamentablemente para los matemáticos.

Dime y olvidaré, muéstrame y podría recordar, involúcrame y entenderé

Es curioso cómo la sociedad ha ido desplazando los saberes científicos a un segundo plano. A una persona “de ciencias” se le recrimina si sus conocimientos sobre historia, literatura, arte y demás humanidades son escasos o nulos. ¿Por qué no hay el mismo sentimiento hacia personas “de letras” que no saben qué es la tabla periódica, que la evolución es real o que las mareas son causadas por la Luna?

Quizá es porque “ser de letras” es más común ya que, supuestamente, hay que hacer menos esfuerzo intelectual. O eso es lo que parece.

La enseñanza de humanidades se caracteriza por la pura y dura memorización de los datos, siguiendo un hilo mínimo de coherencia lógica (si sucede B, es porque sucede A; y punto). Cualquier individuo sin demasiados problemas de memoria puede almacenar mucha información que, con mínimo esfuerzo de comprensión, puede transformar en conocimiento útil.

Sin embargo, para adquirir conocimientos científicos, es necesario realizar un esfuerzo de comprensión mayor. Además, para ayudar a dicha comprensión, se necesita de comprobación empírica o ejemplos; experimentos, vamos. El problema es que pocos profesores se esfuerzan por realizar hasta los más sencillos y, sobretodo, escasos son los centros escolares con recursos suficientes para que se puedan llevar a cabo.

Con este panorama, se resuelve enseñar ciencias a base de la obligatoria memorización de conceptos, sin reparar en que esta es la peor manera para que los alumnos aprendan. Sólo aquellos con suficiente capacidad de comprensión, imaginación y, sobretodo, curiosidad pueden entender por ellos mismos los diferentes conceptos explicados y verse atraídos por las ciencias de tal manera que decidan continuar estos estudios. Pero para la mayor parte de los escolares, es terriblemente anodino soportar lecciones científicas mediante la memorización de datos y la aplicación de las diferentes fórmulas en problemas que les cuesta visualizar sin ningún tipo de ejemplo palpable. Estos estudiantes salen del instituto con una visión más deprimente que atractiva de aquello que la Ciencia les puede ofrecer; acaban renunciando a recibir cualquier tipo de conocimiento científico de por vida y, a la hora de realizar estudios universitarios, optan por las carreras más fáciles, supuestamente, ciencias sociales, arte y humanidades (para descubrir, demasiado tarde, que en menudo berenjenal se han metido).

¿Se le dan mal los números? Puede que padezca discalculia

matemáticas, peligro, señal

¡Ui, que susto!

La mayor parte de las personas conoce la dislexia, el trastorno identificado con la dificultad en la lectura y que imposibilita la correcta comprensión de aquello que se lee. Viene causada cuando el cerebro no reconoce ni procesa adecuadamente ciertos símbolos, y perjudica el aprendizaje y el rendimiento de la persona que lo padece, sin que existan otros problemas de tipo sensorial, físico, motor o deficiencia educativa.

Pero muy poca gente sabe qué es la discalculia. Se trata de otro trastorno del aprendizaje que afecta a la capacidad para el procesamiento numérico y el cálculo. Quienes padecen este trastorno tienen problemas como:

  • confusión de signos, reversión o transposición de números,
  • dificultad para memorizar tablas y fórmulas,
  • dificultades relacionadas con la orientación espacial,
  • dificultad para comprender y recordar conceptos, reglas, fórmulas y secuencias matemáticas,
  • dificultad con el cálculo mental, junto con la necesidad de ayudarse de los dedos para contar.

Todo esto afecta a la larga al rendimiento académico en cuanto a adquirir nuevos conocimientos científicos, al estar vinculadas materias como física y química al cálculo matemático.

Aunque la discalculia tiene un tratamiento, si cabe, sencillo, lamentablemente es poco conocida. Normalmente, cuando un alumno tiene problemas con las matemáticas, se culpa a que es una asignatura compleja, que el docente es un mal profesor, e incluso que el estudiante es un negado. No se reconoce que pueda sufrir discalculia y, en vez de buscar a un especialista, los tutores o bien le apuntan a clases intensas de repaso que sólo sirven para desanimar al estudiante, o terminan por aceptar que al chico o a la chica simplemente se le dan mal las matemáticas y que, por tanto, mejor se dedique a “algo de letras”.

Craso error.

Que una persona tenga un trastorno de discalculia, no significa que esté incapacitada para las ciencias en general. Le va a costar más esfuerzo comprender los conceptos y visualizar los ejemplos, pero no por ello va a tener que renunciar a saciar su curiosidad.

Yo también soy de letras, ¿y qué?

Soy discalcúlica desde los 8 o 9 años. Aunque quise hacer biología, no tuve suficiente nota en la selectividad, y opté por una carrera de ciencias sociales como es biblioteconomía. Pero accedí a ella a través de la modalidad de bachillerato en ciencias de la salud, y no me arrepiento para nada de ello. A pesar de las horas de repaso en matemáticas y química, me sorprendí a mi misma resolviendo con soltura problemas de física. Y, cuando años después sin tocar ninguna fórmula química me topé con una optativa sobre terminología científica, me di cuenta de cuanto las había echado en falta.

No es necesario ser un crack en matemáticas para que te gusten las ciencias. Sólo se necesitan curiosidad y ganas de aprender.

Hace más quien quiere que quien puede. Por ello, cada vez que una persona dice “Yo es que soy de letras” me está dando a entender varias cosas. Por un lado, que tiene escaso o nulo interés por lo que pasa a su alrededor, motivo por el cual a cualquiera se le van las ganas de explicarle nada. Por otro, que dicha persona se reconoce como estúpida, aunque muy probablemente no lo sea. Pero, sobretodo, que es un homenaje a la vagancia.

Que una persona haya dedicado su formación a las ciencias sociales (que son ciencias, al fin y al cabo, y con la excusa de “soy de letras” lo único que transmite es incompetencia), a las artes (que, por cierto, tienen mucho que ver con la Ciencia y las matemáticas), o a las humanidades no conlleva que su nivel científico se quede en dos más dos igual a cuatro.

Con lo divertida que es la Ciencia… Da para situaciones como esta:

– ¿Segundo apellido?
– Espí
– ¿Acabado en I?
– Sí
– ¡Ah! Es que el mio es Espín, acabado en N.
– Ah, vale. Y, ¿se siente usted una partícula?*
– ¿Cómo?

* El espín es una propiedad física de las partículas subatómicas; indica el momento angular o cinético asociado a dicha partícula.
 
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Publicado por en 1 diciembre 2012 en Ciencia, pensamiento crítico

 

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